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Despiertan los colores.

Arriesgados Lectores...

09 mayo 2012

Despertar

   Aquella oscuridad absoluta me lamió los ojos. Mi campo visual es mínimo y aunque intento poner en práctica toda mi agudeza visual no soy capaz de adivinar un color o una forma. Lo que mis ojos no perciben lo intento compensar con el resto de mi abanico sensorial como si fuese un invidente casual.
   Estoy tumbado sobre una superficie plana, compacta y rígida. Mis brazos penden de los hombros como péndulos de reloj dañado, mi cuerpo compungido y convulso se  derrite en sudor. El frío se hace doloroso por su intensidad, intento incorporarme y adivinar dónde  me encuentro y cómo he llegado hasta aquí. Al apoyar las palmas de mis manos siento que éstas se deslizan inseguras y caigo de nuevo sobre mi maltrecha espalda. Me quedo inmóvil sintiendo la contracción de los músculos.
   El silencio reinante me acerca el canto de unos jilgueros juguetones, el sonoro croar de unas  ranas y el cacareo ponedor de unas cumplidoras gallinas. Hacía siglos que no escuchaba aquellos sonidos, tan comunes en mi infancia, y que por algún motivo incierto deje que se perdieran en algún recodo de mi “triunfante y ocupada vida”.
   El perfume a heno recién segado me hace girar la cabeza  e inspirar su olor a bocanadas desmesuradas que agitan mis pulmones  violentamente acompañados por el  maltrecho corazón. Recuerdo las siegas junto al abuelo, aquel hombre benevolente y cariñoso que adoptó el papel de padre cuando, el verdadero, desapareció entre las olas de una mala mar, la misma que ahora me salpica los ojos haciendo que se despeñen por mi cara, hasta mis labios secos y agrietados, devolviéndole a mi boca  aquel sabor salado que identifica a las lágrimas.
   Cuando entreabrí mis ojos conscientes  y una voz extraña me informó que había sufrido un infarto severo y que tenía otra oportunidad para inaugurar mi vida, supe que aquel  despertar inconsciente cambiaría para siempre mi rumbo.
Glosagon.