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Despiertan los colores.

Arriesgados Lectores...

19 junio 2012

Corazones de cartulina

   Cuando mi corazón estaba a punto de licenciarse en desengaño y dolor llegó hasta mis manos aquel libro cuyo título describía fielmente mi estado de ánimo. Ese proceso emocional que surge tras una ruptura sentimental, un coctel de duelo y espesura mental que no se presenta de manera ordenada sino  que se solapan y entremezclan.
¡Cómo me gustaría tener una memoria de teflón para que no se me pegaran los recuerdos!
   ¡Qué curioso! El destino de aquel libro era también el olvido o peor aún, la destrucción. Quedó despreciado junto a otros dos más del mismo autor, de la elección familiar tras la muerte del abuelo y  el desmantelamiento de su abigarrada biblioteca.
   Quise conocer al autor, puse su nombre en el buscador y su retrato de serio rostro me abrió la puerta virtual  a una de esas páginas en las que desnudan y exhiben tu vida sin pudor y donde millones de ojos pueden leer y saber cosas de uno, más que uno mismo. Con sorpresa descubrí que en dos días tendría una firma de libros en una pequeña librería del centro, supongo que es el precio a pagar por no ser un escritor de esos denominados mediáticos.
   Allí me plante con mis tres libros viejos y heredados y con la impaciencia de una adolescente. Desde mí puesto en la cola le pude observar y darme cuenta de que la foto de la página web no estaba actualizada o habían usado el fotoshop  masivamente, aun así, aquel hombre que estaba agotando su proceso de maduración, llevaba tallado en su rostro  surcos extremadamente significativos.
   Firmaba como un autómata, casi sin levantar la mirada. Cuando llegué a la mesa y deslice mis libros encabezados por los Corazones de Cartulina, su mano quedó suspendida por una traba invisible y levemente comenzó a temblar. Levantó su mirada hacia mí y dijo:- una mujer como tú no debe tener el corazón acartonado-.
-          Pues lo tengo, es más, forma pliegues prensados en tonos negros y grises.-
Bajó la mirada y con su mano ya liberada y controlada escribió:”en la cafetería en una hora”.
   Le vi cruzar con paso lento y casi torpe, se sentó frente a mí, pedimos café y comenzamos a despegar pliegues que escondían amores ocultos y prohibidos.
 Su corazón habitaba en un cuerpo ajeno y equivocado que le había llevado a un tránsito caótico y casi destructivo.
   Nuestro encuentro fue un mero comienzo, nos concentramos en nuestras necesidades y construimos un modo de vida insólito pero satisfactorio para ambos. Aquella fuerza interior que nació del sufrimiento la transformamos  en confianza  y seguridad mutua, quitándonos presión.
   Yo vivo aceptando a la mujer que vive agazapada en él y él vive aceptando que la adoración que le tengo va más allá  de lo meramente terrenal… pero, ¿qué hago yo contando todo este rollo?
      ¡Ah sí!,  es  que una amiga que escribe se ha puesto pesada y  me ha pedido que les cuente mi historia de amor.

Glosagon.